viernes, 31 de mayo de 2013

BAGHERIA

Es un tópico decir, escribir, que se puede viajar por el espacio y por el tiempo con un buen libro entre las manos. Un tópico que hoy repito, porque no por vulgar deja de ser cierto, tras la lectura de Bagheria, un exquisito libro de Dacia Maraini.


Bagheria es un sitio real, un lugar, una población en la isla de Sicilia (las islas, esas entidades flotantes en mares y memorias). Y es, también, el título de una obra de Dacia Maraini (¿por qué no conocía a esta escritora si hasta he visto películas con guiones suyos?) que ha publicado la editorial minúscula en una fascinante colección llamada Paisajes narrados.
Es un libro exquisito, de pequeño formato y textura mimosa, con un relato excelente que nos permite conocer la localidad siciliana por fuera (impresionantes las descripciones de la arquitectura y el relieve) y por dentro (implacable la crítica a los abusos sobre las niñas y a la aceptación de la mafia). Un libro de prosa meticulosa hasta parecer exacta, que ha vertido a nuestra lengua Juan Carlos de Miguel y Canuto con una maestría encomiable (qué lujo poder contar con traductores de su talla).
Un libro inolvidable que nos abre el apetito del viaje y nos invita al compromiso social, a la denuncia, a la reflexión.

Bagheria es la historia de la vuelta al lugar de la infancia recreada en la letra de una adulta serena que habla con una prosa sólida y desnuda. Una historia que nos permite acercarnos a los paisajes como si los estuviéramos viendo:

"Entre el monte Cannita, donde parece que se elevaba la ciudad de Kponia, lugar de culto de la diosa Atenea, y el Cozzo Porcara, donde se encontraron los restos de una necrópolis fenicio-púnica, estaba este "vallecito ameno" que después fue llamado Bagheria. Tiene forma de triángulo, con la punta rocosa del cabo Zafferano que sobresale sobre el mar como la proa de una nave. Un lado comprende los pueblos de Santa Flavia, Porticello y Sant'Elia; el otro lado, el más salvaje y azotado por el mar, solo estaba ocupado, hasta después de la guerra, por el pueblo de Astra, con sus barcas de pesca varadas sobre la arena blanca. En el centro, apoyada en las colinas, en medio de una muchedumbre de olivos y limoneros, aparece Bagheria lamida por un río hoy reducido a un esputo, el Eleuterio, que, en tiempos de Polibio, era navegable jasta el mar." (p.38)

Que nos describe personas que conocemos:

"Cuando era pequeña, esa puerta estaba siempre abierta, y en el umbral estaba sentada, como un parca dedicada a coser el hilo de la vida, la buena y generosa Innocenza, con su cuerpo grueso y deformado, una sonrisa siempre a punto en los labios, los dientes amarillos y rotos, un par de gafas con las patillas atadas detrás de las orejas con un cordel. Me parece notar todavía el olor de su delantal, a pescado frito, a albahaca fresca, a café, a jabón, a tomate en conserva." (p.74)

Que nos recuerda que el silencio nos hace cómplices:

"Otro padre, en una de aquellas casas sin ventanas que daban a los callejones de la parte vieja del pueblo, había abusado de la hija cuando tenía seis años. También bajo los ojos ciegos de su mujer. Y había continuado abusando de ella, como por un sacrosanto derecho, año tras año. Después, cuando la hija, a los dieciséis años, se había casado, había empezado a abusar de la segunda hija, que tenía diez, y cuando esta, a su vez, había crecido (pero a estas alturas en el pueblo era algo notorio, porque la primera hija se había ido de la lengua con el marido, y la segunda no encontró nunca a quien se quisiera casar con ella), el hombre se había dirigido a la tercer hija, dejándola embarazada y obligándola a abortar." (p. 147)

Una historia de vida que es la historia de un pueblo y sus costumbres, de un tiempo y sus silencios. Una historia que sorprende por la sobriedad del lenguaje, por la capacidad de evocación de la autora, por la calidad del texto. Una historia para recordar y viajar, pero sobre todo una historia para que no dejemos de mirar y de denunciar.

En la sinopsis que presenta la editorial leemos:
"Una niña llega en 1947 a la costa siciliana en barco, procedente de Japón. Con ella están sus padres y sus hermanas. La joven familia busca refugio tras los sufrimientos de la guerra en Bagheria, cerca de Palermo, en la mansión solariega materna. Aquella niña descubrirá allí con particular intensidad sus orígenes, tan enraizados en aquel paisaje acunado por el sol ardiente, el mar y las playas, la agreste naturaleza. Muchos años después, ya adulta, Dacia Maraini regresa a Bagheria. Recorre y evoca los viejos escenarios, la maravillosa y temida Sicilia, y se abandona a la memoria. Retorna así su amor por la literatura, la historia y el arte; todo ello sin cejar en su defensa de la mujer y en su crítica comprometida a los abusos perpetrados en aquella tierra."

Por mi parte solo puedo dar las gracias a Dacia Maraini por escribir y hacerlo así de bien, y a la editorial minúscula por poner en nuestras manos un libro de tan inmensa calidad. ¡Gracias!



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